Nos adentra en la atmósfera íntima de un club de jazz neoyorquino, el crujido de los sillones de cuero, el aroma a tabaco dulce y la calidez de un cóctel de ron añejo. Transfiere un carácter bohemio, profundamente seductor, nostálgico y con un magnetismo maduro que fascina en la cercanía. Es la traducción olfativa del misterio y la calidez otoñal.




