Enmarca la belleza melancólica del crepúsculo, ese instante donde el cielo se tiñe de canela, vetiver y pachulí en una transición perfecta hacia la noche. Transfiere un carácter profundamente poético, nostálgico, cálido y de una elegancia bohemia de altísima alcurnia que envuelve los sentidos de manera hipnótica. Un atardecer inolvidable hecho fragancia.




